domingo, 9 de diciembre de 2007

La fiebre de la moto

Nosotros lo llamábamos la fiebre de la moto, estábamos enganchados, como dicen ahora, a esa idea y por mas que le dábamos vueltas no nos salían las cuentas. Yo que he sido siempre muy optimista no lo veía tan negro, Ángel se negaba ni siquiera a la idea de tener una. Fue un día que alquilamos una entre mi hermano Juan y Anita, ahora su mujer, ¡que bien lo pasábamos! nos turnábamos para montar, estuvimos en la Casa de Campo, montábamos las dos chicas con uno o con otro y sentimos, por lo menos yo, un aire de libertad, bueno yo no lo sé explicar, eso hay que sentirlo cuando se monta, y mucho más cuando la conduces tu. Cuando pasaron muchos años después que tuve mi propia moto, pienso que debe ser así como montar a caballo que yo no lo he probado nunca y estoy arrepentida. Aquel día no terminó muy bien porque nos caímos cuando ya teníamos que devolver la moto, tropezó la pata de cabra con el raíl del tranvía cerca de la puerta de Toledo, fue un buen susto. Anita tenía las piernas desolladas, yo eché a correr a buscar a Angel, yo corría mucho y no sé como le pude encontrar saliendo de la casa de campo, entonces él se fijo que yo tenía las piernas ensangrentadas, no es nada le dije, vamos enseguida que hay que devolver la moto claro la moto no andaba, la llevaron andando hasta Manuel Becerra y tuvimos que pagar muchos meses la reparación. Esto no restó nuestro deseo de tener moto propia pero eso ya lo contaré otro día.

martes, 6 de noviembre de 2007

La palangana del rastro

Fue una mañana de las pocas que nos quedamos en Madrid, yo siempre preparaba la comida para ir al campo, pero aquel domingo nos quedamos. A él le gustaba mucho Madrid, el campo lo aceptaba porque no sabía decir que no y me debía querer mucho aunque yo no lo notara, no me dijo nunca que me quería, siempre le preguntaba y se echaba a reír, algunas veces me he preguntado si el cariño se podía medir y pensaba que el mío era mucho más grande, pero cada día que pasa pienso mas en él y recuerdo tantas buenas cosas a su lado, su bondad, esa tranquilidad y paciencia, sus razonamientos. He tenido buena suerte de poder vivir una gran vida con un hombre como él. Le gustaba mucho ir al rastro y siempre encontraba cosas a buen precio, aquel día yo me fijé en una palangana con su jarra, pero era muy cara y seguimos. De pronto aparco diciendo que me quedara en segunda fila que venía enseguida, yo distraída con la cantidad de gente que pasa en el rastro. De pronto le vi venir de lejos y traía en sus brazos la palangana y la jarra, y esto podéis creerlo yo lo había soñado hacía mucho tiempo tal como venía hacia mí. ¿Se puede en sueños ver cosas que nos ocurren mucho después?

martes, 30 de octubre de 2007

Octubre 2007

Recuerdo un viaje que hicimos a Cartagena debía ser por los años 40. Habíamos recibido una carta que decía que la abuela se estaba muriendo, mi madre preparó el viaje rápido y salimos aquella misma noche, el papá no podía acompañarla así que nos fuimos mis hermanos pequeños y yo que tendría unos diez años, después de pasar mucha hambre y lejos de mi familia, pero esto ya lo iré contando, estaba muy espabilada. Aquellos trenes eran muy lentos pero nosotros quietecitos arrimados a mi madre. Cuando nos venció el sueño entró el revisor y nos pidió los billetes y el permiso de mi padre para viajar. Ese papel no lo llevaba, “pues se tienen que bajar en la próxima estación” nos dijo y la guardia civil se haría cargo de vosotros, mi madre se echó a llorar diciendo que iba a ver a su madre por última vez, pero nada, llorábamos todos, cuando llegó la guardia civil me acordé de la carta que demostraba que la abuela estaba gravísima y nos dejaron seguir viaje. Yo creo que en aquellos tiempos les gustaba hacer sufrir a la gente y a las mujeres principalmente.
Ha cambiado mucho la vida pero queda mucho por andar hasta la igualdad con los hombres.

Verano del 2007

Ya tengo 77 años, me siguen gustando las aventuras, una de las últimas el viaje que realicé este verano con las amigas de mi hermana Cari, que ahora son mis amigas, las llamamos Las Palomo por su apellido, son algo mayores, una 92 y 89 la pequeña, son extraordinarias como era mi hermana, yo me siento feliz estando con ellas, les gusta leer y están en la actualidad política y cultural, me parece tener a mi querida hermana todavía. Bueno a lo que voy, pensé irme con mi coche hasta la playa, que yo lo he hecho otras veces menos mal que mi hija Marisa no quiso que yo condujera tantos kilómetros y nos acompañó. Saliendo de Madrid se rompió el cambio y se quedó bloqueado en medio de la carretera, no había manera de señalizar la avería, a esto pasaban los camiones silbando y pitando, la policía fue lo primero que avisó después la grúa, pero aquello se hacía eterno. Bajamos del coche, no sé cómo y tuvimos que saltar la mediana para nuestra seguridad, esto era para filmarlo, Las Palomo había que hacerlo cogiéndolas de los brazos la mayor una (jabata) la pequeña. Nos costó llegó la grúa (tráfico no apareció) y recuerdo la cara que puso cuando vio tres viejas detrás de la mediana, pensaría son marcianas, que bien se portó.

viernes, 6 de julio de 2007

El fútbol y la tele

Éramos ocho hermanos, pero habíamos sido nueve. Yo era de las pequeñas, así que mis hermanos me llevaban muchos años. Cuando fui al colegio Instituto Escuela, mi hermana mayor ya era maestra allí. Yo jugaba siempre con mis hermanos, y como quería hacerlo bien, me esforzaba mucho para que no me dieran de lado. Así que el fútbol no tenía secretos para mí. Me ponían de portera, pero a mí me gustaba meter goles, y fueron muchos los que acerté. Eso me ha servido ahora, pues me sigue gustando, y como vivo sola, me pongo todos los partidos que hay en la tele, y eso es con lo que más disfruto.

Algunas amigas hablan de programas, y de gente desconocida para mí; me dicen que no estoy en la onda. Yo creo que me entero de lo que me interesa; los periódicos me los dejo para la noche, que es cuando estoy más tranquila. Casi siempre voy un poco atrasada, cuando ya ha pasado todo, y no me explico los conflictos que tienen los palestinos, afganos y demás.

jueves, 5 de julio de 2007

Y dale Perico al torno

Yo no sé si esto que escribo servirá para algo. Cuando lo hago, siento vergüenza. Me parece que está mal escrito, pero pienso que estas notas, que son todas verídicas, servirán quizá para que mis hijos y mi nieta Ana Celia tengan una referencia de aquellos tiempos, y escriban una cosa mejor, porque ellos sí que escriben un rato bien.

En cuanto al título, "Como si Juan y Manuela", pues eso, que no me hacen caso. Es parecido a "como el que oye llover y no se moja". El primero es un dicho que siempre oía decir a mis padres, que eran cartageneros, y a nosotros nos han quedado algunos de esos dichos. Como cuando estás repitiendo algo que uno no quiere oír, y dice "Y dale Perico al torno". Este último me hace mucha gracia, cuando me lo decía mi marido, que era madrileño cien por cien, y yo, que he sido muy pesada, -no sé cómo pudo aguantarme-, y dale, y dale Perico al torno.

El cuadro de la Virgen de la Caridad

Siempre me han sobrecogido los telegramas. Creo que me viene desde muy pequeña, cuando estando en la mesa, recibimos uno que nos hablaba de la muerte de nuestra hermana María. Ella se había empeñado en quedarse en Cartagena, con los abuelos. Habíamos regresado todos unos días antes; ya sabíamos que estaba muy delicada del corazón, pero como siempre estaba tan alegre, cantando y bailando, con una gracia de esas que dicen que tienen duende, mis padres no pensaron que el diagnóstico del doctor Marañón fuera a ocurrir. Les dijo que había que ponerle un corazón nuevo. Ahora habría sido posible.
Mi madre no se sorprendió, porque la noche anterior, justo cuando se estaba muriendo y llamándola, la vió reflejada en el cuadro de la Virgen de la Caridad, y le dijo a mi padre: "Mira, mira, que está ahí la nena", pero él no pudo verla. Dicen que eso es telepatía. Siempre hemos visto ese cuadro con mucho temor, y de hecho, mis hijos no quieren ninguno heredar el cuadro. Yo lo tengo en la cabecera de mi cama, y todas las noches lo miro, a ver si veo algo anormal. Quizá es que yo no tengo nada de duende.